Paseos por Córdoba

 

 

En la Córdoba de hoy palpita su glorioso pasado. Un pasado que se remonta oficialmente al año 152 a.C., cuando el pretor Claudio Marcelo la hace colonia patricia y capital de la Hispania Ulterior. Sería entonces cuna del filósofo Séneca y del poeta Lucano, y más tarde del obispo Osio (rector del Concilio Ecuménico de Nicea). Grande con Roma, y universal con el Califato, Córdoba nace para el islam en el año 711, cuando un oficial de Tariq, llamado Mugit al-Rumi, la sitió durante varios meses.

Años más tarde, el príncipe omeya Abd al-Rahman I, quien venía huyendo de Damasco donde su familia había perecido a manos de la dinastía rival de los abbasíes, constituyó en al-Andalus un estado independiente, principio del período dominado por los omeyas cordobeses. Sería Abd al-Rahman III quien, al llegar al poder en el año 912, iniciaría la transformación del territorio dividido en un estado centralizado y se proclamaría califa independiente. Córdoba se convirtió en la ciudad más espléndida del mundo civilizado: tenía más de mil mezquitas, más de ochocientas casas de baños, un sistema de urbanización avanzado, un comercio variado y floreciente, iluminaba sus calles principales (y en esto se adelantaba 700 años a Londres o París) y levantaba la mezquita más grande y hermosa de entonces, o toda una ciudad palatina de ensueño, Madinat al-Zahra, en la cercana serranía. Los siguientes califas, Hixam II, al-Mansur, consolidan ese esplendor, y se crea la mayor biblioteca que existió en Europa durante la Edad Media. La descomposición posterior precipitó, a pesar de las intervenciones de almorávides y almohades, el avance del poder castellano.

Fernando III entró en Córdoba en 1236. Durante la guerra de Granada, los Reyes Católicos establecieron en la ciudad su cuartel general, en un alcázar donde Isabel recibió a Colón para escuchar una propuesta que cambiaría el devenir de la historia.

1. La Mezquita

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Comenzamos nuestro paseo por Córdoba entrando en la Mezquita. Una de las más relevantes obras de arte de todos los tiempos, Patrimonio de la Humanidad, es uno de los monumentos más importante de todo el Occidente islámico. La fama de la mezquita cordobesa se propagó rápidamente tras su construcción. En el siglo XII, el geógrafo ceutí al-ldrisi decía que “no tenía igual entre las mezquitas de los musulmanes, ni por su tamaño ni por su belleza”.

Su construcción duró apenas un año, iniciada por Abd al-Rahman I en 785. Los emires y califas fueron ampliándola en los dos siglos siguientes. Abd al-Rahman III levantó un nuevo alminar y ensanchó el patio, al-Hakam II aumentó su profundidad hasta donde la proximidad del río lo permitía –y encargó a artistas de Damasco y Bizancio el deslumbrante mihrab–, y al-Mansur acometió la ampliación más espectacular, por el costado oriental. En su estilo se puede observar la evolución del arte emiral y califal, además de los estilos gótico, renacentista y barroco como Catedral cristiana desde la Conquista y su consagración en 1236.

Consta de un total de diecinueve naves perpendiculares al muro de la qibla, en las que el influjo romano y bizantino es visible en la distribución, el mármol y los mosaicos. Estas naves forman una panorámica de arcos superpuestos en dos niveles, el primero de arcos de herradura y el segundo de medio punto peraltado. La piedra ocre y el ladrillo rojo forman esa bicromía, célebre en todo el mundo, que, cubierta por una techumbre de madera, con su silenciosa majestuosidad, prepara el ánimo del visitante para acceder al mihrab, encargo de al-Hakam II a artistas de Damasco y Bizancio, no sin antes pasar por la maqsura o espacio reservado al califa.

 

El Patio de los Naranjos, al norte, está flanqueado por galerías con arquerías triples de medio punto en tres de sus lados y arcos ciegos de herradura en el cuarto, donde se abre la puerta de las Palmas, reformada en época renacentista. En el centro del patio se sitúan cinco fuentes, tres mudéjares y dos barrocas, y los restos de la pila para las abluciones. En el interior de la torre campanario, renacentista en la parte inferior y barroca en la superior, se conserva el antiguo alminar de Hixam I.

En el exterior, la construcción presenta muros de mediana altura articulados mediante contrafuertes de sección regular. En los paños murales se disponen las portadas de acceso al templo, remodeladas en su mayoría en épocas posteriores y algunas muy restauradas. La principal, la Puerta del Perdón, en la fachada norte, de diversos estilos armonizados. En el muro occidental se inserta una de las más antiguas, la de San Esteban, de época de Abd al-Rahman I; la de los Deanes, el Postigo de la Leche y la Puerta de San Miguel, reformadas en el XVI, y las puertas de al-Hakam II, que presentan un gran alarde decorativo y una mayor complejidad de composición.

En la zona central de las naves, los reyes cristianos levantaron la Capilla Mayor y la Capilla Real. En 1523 se inician las obras de la Catedral inserta en el bosque de columnas, a instancias del Cabildo y con el apoyo del emperador Carlos V. Las obras fueron iniciadas por Hernán Ruiz el Viejo al que sucedería su hijo Hernán Ruiz el Joven, en 1545. La catedral es de planta de cruz latina con capillas laterales, cubierta por bóvedas de crucería en la Capilla Mayor, de medio cañón en el Coro y elíptica en el Crucero.

 

2. De la Judería al Alcázar de los Reyes Cristianos

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Comenzamos nuestro paseo en el barrio de la Judería, laberinto de calles blancas y estrechas adosado a las murallas cuyo origen se remonta a la Corduba romana y en él han habitado, e incluso convivido, las distintas culturas visigoda, musulmana, judía y cristiana. Todas ellas han dejado su huella arquitectónica, escultórica, pictórica y costumbrista a través de los siglos, aunque su configuración y mayor esplendor corresponden a la época andalusí.

Nuestra propuesta de recorrido se inicia en la Iglesia del Hospital de Jesús Crucificado, iniciada en el siglo XVI y único resto bien conservado del conjunto que sería posterior convento dominico. Seguimos por la calle del Buen Pastor al encuentro de la Iglesia conventual de San Roque, del XVII, y a espaldas, la de San Pedro de Alcántara, junto a la que se halla el Hospital del Cardenal Salazar, gran ejemplo del barroco andaluz y actual sede de la facultad de Filosofía y Letras; en su interior está la capilla de San Bartolomé, antigua ermita medieval de gran valor artístico e histórico.

Al final de la calle Almanzor se encuentra el único ejemplo que se mantiene de las grandes puertas medievales de la ciudad, la Puerta de los Judíos o de Almodóvar, del siglo XIV, realizada sobre la del siglo X, cuando se llamaba puerta del Nogal.

Continuamos nuestro paseo por el barrio de la Judería con la visita a la Sinagoga, único ejemplo que permanece de las que había en la judería cordobesa. Fechada en 1315, tras la expulsión de los judíos fue reconvertida en hospital de hidrófobos y en el siglo XVI pasó a manos del gremio de zapateros. Es de planta rectangular, y, de todas las labores ornamentales que cubrían sus paredes, se conservan las yeserías de la parte alta. En una inscripción aparece el nombre del fundador de la sinagoga, Yishaq Moheb.

En la plaza de Maimónides se puede visitar el Museo Taurino, situado en parte de la antigua casa señorial de los Bulas, y al bordear la Mezquita por la calle Torrijos, el Museo Diocesano y el actual Palacio de Exposiciones y Congresos. Están separados por el paño de murallas andalusíes más antiguas de Córdoba. Pertenecía al muro norte de los soberanos omeyas, visible desde un patio lateral del segundo edificio, antiguo Hospital de San Sebastián, construido bajo la dirección de Hernán Ruiz I entre 1513 y 1516, con un patio mudéjar de dos plantas. El Museo Diocesano, por su parte, se emplaza en el solar de los viejos alcázares visigodos y musulmanes, y su principal arquitectura es original del siglo XVII.

Continuamos por el Campo de los Mártires donde están los restos de los baños árabes, de la época califal, pertenecientes al desaparecido alcázar omeya. Posteriormente fueron reutilizados en los siglos XII y XIII por almorávides y almohades.

En nuestro camino hacia los Patios del Alcázar Viejo, se encuentran las Caballerizas Reales, fundadas por orden de Felipe II, y reconstruidas tras el incendio que las destruyó en época de Carlos III; la muralla del recinto amurallado conocido como Castillo de la Judería, del siglo XIV, y la Torre de Belén, la única puerta que se conserva del recinto, obra posterior a la Conquista cristiana, aunque con semejanzas con construcciones almohades.

Nos dirigimos hacia el barrio de San Basilio, o del Alcázar Viejo, el corazón de los Patios de Córdoba, declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco desde 2012. Los patios de sus viviendas son uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad, destacan por su belleza, el buen cuidado de sus plantas y flores y la amabilidad y buena predisposición de sus habitantes al momento de compartir sus tesoros con los visitantes. La traza del barrio era a cordel, con tres ejes principales, las calles Postrera, Enmedio y San Basilio, aunque sus viviendas conservan reminiscencias árabes como la disposición de estancias en derredor al patio.

Volvemos de nuevo nuestros pasos hasta el Campo Santo de los Mártires para finalizar con la visita al Alcázar de los Reyes Cristianos. Esta fortaleza-palacio se levanta en lo que fue parte del solar de la antigua alcazaba andalusí, y las primeras construcciones datan de la época de Alfonso X el Sabio, aunque será Alfonso XI en el año 1328 quien edifique buena parte de la construcción actual. Fue residencia de los Reyes Católicos durante la guerra de Granada y, desde el siglo XV, sede del Tribunal de la Inquisición. Posee una valiosa colección de mosaicos romanos (s.II y III d.C.) con diferentes motivos figurativos y geométricos. Bajo el Salón de Mosaicos se hallan los Baños Reales. Sobresalen también sus Jardines de inspiración árabe, con palmeras, cipreses, naranjos y limoneros que se alternan con fuentes y estanques.

 

3. De la Puerta de Sevilla a la Plaza del Potro

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Junto a la actual Puerta de Sevilla, con restos de un conjunto defensivo de época anterior al siglo X, arranca la muralla occidental, que baja en dirección al río, obra cristiana de los siglos XIV y XV, con barbacana y foso. Por la avenida del Alcázar, cerca del puente, se distinguen algunos molinos musulmanes emplazados en la ribera del Guadalquivir, cerca del puente, cuya función era la de suministrar agua para el riego de los jardines del Alcázar y de la Mezquita. Uno de los más importantes es el Molino de la Albolafia, que figura en el escudo de la ciudad desde el siglo XIV. Su noria con cangilones de barro es una réplica reciente de la primitiva.

La Puerta del Puente, reconstruida con patrones renacentistas por Hernán Ruiz III durante el reinado de Felipe II, se sitúa frente al Puente Romano. Este puente es una obra medieval de 16 arcos, de cuyo pasado romano queda muy poco, aunque hay referencias de la época de Julio César. En el año 720 se inicia la primera reconstrucción de la que se tiene noticia.

Cruzando el puente nos encontraremos con la Fortaleza de la Calahorra, construida por los musulmanes como coracha al otro lado del río, fue reformada en 1369 y su fábrica actual es cristiana. En el siglo XVIII sirvió de cárcel para los nobles cordobeses.

De vuelta a la ciudad atravesando de nuevo el puente, subimos por el costado oriental de la Mezquita hacia la calle Velázquez Bosco, próxima a la fachada norte de la Mezquita, donde se encuentran los Baños de Santa María, de tiempos del Califato, que conservan la estructura original con las salas fría y caliente, y un patio de columnas donde originariamente estuvo el estanque.

Por la calle Encarnación los pasos conducen al Museo Arqueológico, antiguo palacio de los Páez de Castillejo. Las partes más antiguas del edificio corresponden al siglo XIV. En 1496, se inició la obra fundamental, en las que participaron Hernán Ruiz y su hijo, Hernán Ruiz II, autor de la portada, escalera y patio principal. El Museo conserva colecciones de cultura prehistórica, ibérica, de época romana y piezas andalusíes.

Por la calle San Fernando o Feria, se extendía la cerca oriental de la medina cordobesa, que se adivina en pequeños tramos entre los edificios. El Arco del Portillo es la entrada que sobrevive de este lienzo, abierta en el siglo XIV. A su lado se encuentra la Casa de los Marqueses del Carpio, un torreón medieval alterado por intervenciones posteriores. Enfrente está el Compás de San Francisco, iglesia del que fuera convento del siglo XIII, transformada en templo barroco.

La Plaza del Potro, citada por Cervantes, alberga la posada del mismo nombre y el antiguo Hospital de la Caridad, fundado en el siglo XV, ocupado por el Museo de Bellas Artes y el Museo de Julio Romero de Torres. En las salas del primero hay obras del XVI y XVII, una colección de pintura andaluza de los siglos XIX y XX y una muestra de grabados. En el segundo, se reúnen las obras y recuerdos personales del pintor cordobés.

 

4. De la Villa a la Corredera

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San Nicolás de la Villa es una de las parroquias más antiguas de Córdoba, prototipo del período de la conquista fernandina, a partir de 1236. Aún se distingue la estructura mudéjar original, y dispone de una airosa torre del siglo XV que aprovecha el antiguo alminar musulmán. El templo tiene dos puertas, la más antigua en el lado sur; la del norte, da al paseo Gran Capitán y es obra de Hernán Ruiz II en 1555.

Otros templos del ámbito de la Villa son la Iglesia de San Hipólito, fundada por Alfonso XI en 1343 como panteón real, pero cuyas obras no se finalizaron hasta 1736; la Ermita de Nuestra Señora de la Alegría, del siglo XVIII y la Iglesia de San Juan y Todos los Santos, que perteneciera al antiguo convento de la Trinidad, fundado en 1241.

En la confluencia de las calles Sevilla y Barroso se mantiene el ejemplo más representativo de un alminar que ha llegado milagrosamente hasta nuestros días, junto a la Iglesia de San Juan de los Caballeros. El alminar se levantó probablemente entre los siglos IX y X, y está declarado monumento histórico-artístico.

Al otro lado de la calle Ángel Saavedra se encuentra la Iglesia del Colegio de Santa Victoria, del siglo XVIII, cuya fachada presenta un pórtico con un frontón triangular, una obra notable en la ciudad. En la plaza de la Compañía, la actual iglesia del Salvador se establece en el que fuera templo del colegio jesuita de Santa Catalina, suprimido en 1767. A dos pasos se abre la Plaza de las Tendillas, centro neurálgico de la ciudad, espacio abierto rodeado de edificios de los años veinte en torno a la figura ecuestre del Gran Capitán. De ella sale la calle Claudio Marcelo, que conduce a los restos del Templo Romano del que se desconoce su dedicación; once columnas de un edificio que bien pudiera remontarse a finales del siglo I, en época flavia, o puede que incluso antes. Por Tundidores se accede a la famosa Plaza de la Corredera, Plaza Mayor de Córdoba; se edificó en un espacio que servía de mercado en la Baja Edad Media. Se construye durante el Barroco, culminándose en 1687. La cárcel, pósito y alhóndiga datan de finales del siglo XVI.

 

 

5. Del Marrubial a la Plaza de Colón

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Comenzamos nuestro paseo en la Ronda del Marrubial, donde aún se conserva un lienzo de más de 400m de muralla y catorce torreones con la que los almorávides cercaron el arrabal de la Ajerquía, la zona de expansión urbana extramuros en época califal. Siguiendo el lienzo en dirección sur llegamos al que fuese convento de los Trinitarios donde se halla la imponente iglesia prebarroca de Nuestra Señora de Gracia, donde se puede contemplar una bellísima imagen de la inmaculada de Pedro Roldán.

Continuamos por la calle Frailes y Jesús del Calvario hasta llegar a la Real Parroquia de San Lorenzo Mártir; fundada por Fernando III tras la conquista de la ciudad, su emplazamiento lo ocupaba una mezquita. El primer cuerpo de la torre pertenece al antiguo alminar, que Hernán Ruiz II reformó en 1555. Muy cerca encontramos la Iglesia del Juramento de San Rafael que data de finales del siglo XVIII.

Podemos callejear hasta el barrio de Santa Marina, donde se alza la iglesia de San Agustín, resto del Convento de los Agustinos trasladados a este emplazamiento en 1328 y cuya iglesia fue muy reformada en los siglos XVI y XVII. Más adelante, la plaza de Don Gome está presidida por uno de los edificios civiles más sobresalientes de Córdoba, el Palacio de los Marqueses de Viana, cuyo origen se remonta al siglo XIV; destaca su escalera principal, sus catorce patios y numerosos salones. Cerca se encuentra la iglesia de Santa Marina, corazón de esta collación; también pertenece a los templos fundados por Fernando III tras la conquista. En ella se funden elementos tardorrománicos y góticos, interpretados con inspiración mudéjar. En la plaza, un monumento al torero Manolete observa la fachada de la iglesia.

Al pasar por la Puerta del Rincón se llega a la Plaza de Capuchinos, a los pies del convento de esta orden, del siglo XVII. Es un rincón típico, con el Cristo de los Faroles, la Iglesia de los Dolores, cuya Virgen es una de las más veneradas, y el Hospital de San Jacinto.

A las espaldas, la plaza de Colón, o jardines del Campo de la Merced, es un amplio espacio verde flanqueado por el antiguo Convento de la Merced, del XVIII, sede de la Diputación. Principal ejemplo de barroco cordobés, con espléndida fachada, claustro y escalera imperial. En el ángulo opuesto de la plaza, se mantiene un resto de las instalaciones defensivas, la Torre de la Malmuerta, una torre albarrana octogonal realizada sobre otra anterior en 1408.

 

6. Madinat al-Zahra

Plano de Madinat al-Zahra

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La ciudad de Madinat al-Zahra fue fundada por Abd al-Rahman III a ocho kilómetros de Córdoba, a los pies de Sierra Morena. Las crónicas de la época explican su fundación en causas que en la actualidad se consideran cercanas a la leyenda y que se atribuyen más a razones de índole político-ideológica, como es que la dignidad del califa exigía la fundación de una ciudad propia al estilo de otros califatos orientales.

Situada en el monte de la Desposada (Yabal al-Arus), en ella podemos seguir, sin obstáculos, la estructura de una ciudad andalusí. La planta de la ciudad tiene forma rectangular de poco más de cien hectáreas, distribuida en tres escalones superpuestos de norte a sur.

Su construcción se inicia en el año 936 y duró cuarenta años, durante el gobierno de su fundador y su hijo al-Hakam II, pero tendría una existencia efímera, siendo asaltada e incendiada por los bereberes en 1010. Las ruinas fueron abandonadas y durante los siglos posteriores fue utilizada como cantera de materiales de construcción, hasta que en 1910, con las primeras excavaciones arqueológicas, pasa a convertirse en un yacimiento arqueológico de extraordinaria importancia. Madinat al-Zahra, Patrimonio de la Humanidad, la ciudad legendaria, el lujoso proyecto concebido por la dinastía omeya considerada como una de las cumbres del arte islámico que fue célebre en el mundo entero por su suntuosidad arquitectónica y sus curiosidades decorativas.

La visita comienza desde la muralla septentrional y la Puerta Norte; por un pasadizo se accede a la terraza superior, que corresponde al Alcázar. A la derecha del visitante se sitúan los aposentos y patios del califa, que se alzaban sobre las dependencias del cuerpo de guardia, de la llamada vivienda de la alberca y de la vivienda de Yafar, esclavo liberto bajo el mandato del primer califa y posteriormente primer ministro (hayib) con al-Hakam, y que es el sector que mejores restos conserva.

A la izquierda hay un conjunto de estancias que se relacionan con la casa de los ministros o sector público del Alcázar, constituido por un salón de recepciones, un patio cuadrado, ajardinado con especies autóctonas y la parte que estuvo destinada a caballerizas. Desde el patio una rampa conduce a un pórtico oriental, monumental acceso al área pública, y frente al que se realizaban paradas militares y celebraciones oficiales.

La terraza intermedia comprende la parte principal del palacio, con el gran salón de recepciones y sus jardines. El Salón de Abd al-Rahman III o Salón Rico fue construido entre los años 952 y 957, con un pórtico central con cinco arcos de herradura. La disposición de las naves y las salas laterales responden al delicado protocolo de las ceremonias, embajadas y recepciones que se celebraban. Las tres naves centrales están divididas por dos hileras de siete columnas, y se conservan profusos detalles decorativos en las paredes interiores del Salón, mármoles y colores que a ciertas horas del día son capaces de restituir el delicado ambiente que tuvieron al ser construidos, y que despertaba la admiración de todos los que lo visitaban. Enfrente se extiende el Jardín Alto, cerrado por potentes murallas que lo separan de la zona reservada a la medina, el sector de la plebe, que se llama Jardín Bajo.

Al descender desde la primera terraza al sector principal del palacio, se pueden observar los restos de la Mezquita Mayor de la ciudad, situada en el tercer nivel. Fue mandada levantar por Abd al-Rahman III en el año 941. Su construcción duró cuarenta y ocho días, según algunos cronistas. De obra tan acelerada sólo quedan los cimientos, las trazas de su disposición y los restos de un paso elevado que utilizaba el califa para entrar en la mezquita.

 

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