Paseos por Jaén
En el siglo XII, el geógrafo al-ldrisi ofrece en su Descripción de España una panorámica de Jaén y su tierra en plena época andalusí:
«[Jaén] …donde todo se compra muy barato, en especial la carne y la miel. Hay en su jurisdicción más de 3.000 alquerías donde se crían gusanos de seda. Posee gran número de manantiales, que corren por debajo de los muros, y un castillo de los más fuertes, al que no puede llegarse sino por una senda muy estrecha. Está tocando con [la sierra de] Jabalcuz, rodeada de jardines y vergeles, de terrenos donde se cultiva trigo, cebada, habas y toda dase de cereales y legumbres».
Una vez descubiertas las sugerentes interioridades de la provincia por la Ruta de los Nazaríes, el camino se remansa en Jaén, pues no en vano se dice que su nombre, de raíz árabe, Geeii o Yayyan, significa «estación de caravanas». Histórica y moderna, son sus dos caras; monumental, acogedor y popular, su carácter.
Puesta en lugar tan escogido, surtida de caudalosos manantiales en las faldas del cerro de Santa Catalina, fue colonizada por íberos y romanos. Antes de nuestra era fraguó ya el poblado de Aurgi, que en el siglo I accedió a la categoría de municipio de derecho latino -Municipium Aurgitanus- dotado de un amplio recinto urbano. Su ascensión, con todo, se produjo más tarde. A mediados del siglo IX, Abd al-Rahman II traslada la capitalidad de la provincia del Alto Guadalquivir desde la antigua Mentesa, La Guardia, a la ciudad conocida ahora con el título de Yayyan, traslado que se acompaña de un considerable programa de construcciones oficiales, entre las que destacan la mezquita aljama y la alcazaba.
En el siglo XI, Jaén entra en la órbita del reino de los ziríes de Granada, para erigirse en breve principado autónomo y caer luego en manos del rey de Sevilla antes de su ocupación por los almorávides. Impulsan estos la gran expansión de la ciudad mediante la reconstrucción y ampliación de sus murallas y castillos. Tras el convulso hiato que precede a la llegada de los almohades, retoma su posición de relieve. La dinastía marroquí acrecienta sus baluartes y edifica a finales del siglo XII una nueva mezquita mayor, gobernándose con príncipes de la familia califal almohade, como al-Bayyasi, que emprende desde Jaén su aventura como emir independiente al desmoronarse el imperio norteafricano. Tras la proclamación del nazarí al-Ahmar en Arjona, este recibe su espaldarazo político al obtener la sumisión de Jaén. A la postre, sin embargo, la perdería, a trueque de garantizar su supervivencia en Granada: en 1246 al-Ahmar pacta la entrega de Jaén con Fernando III — el Santo —, a cambio de reconocer el estado nazarí y fijar una frontera que habría de mantenerse durante dos siglos y medio. Desde ese momento, Jaén asume el papel de ciudad-base fronteriza. Desde ella se lanzan expediciones, y recibe continuos ataques de los granadinos, como el de 1368, que devastó la población.
En el siglo XV sirve de bastión del condestable Lucas de Iranzo, caudillo del partido del rey en las contiendas civiles. En el XVI, con la paz, conoce su máximo esplendor. Es el siglo del Renacimiento.
Desde el castillo de Santa Catalina, Jaén se tiende a los pies del visitante, dando una idea de su fisonomía. El casco apretado de la ciudad medieval se entreteje formando un dédalo de calles sinuosas por el barrio de la Magdalena, con su fuente del Raudal y el legendario lagarto esculpido en el campillo ante la iglesia, rodeada por los callejones de la judería y a un paso del convento de Santa Úrsula y del hospital de San Juan de Dios. Desde la Magdalena se cruza ante el monasterio de Santo Domingo, hoy Archivo Histórico, establecido sobre los vestigios de los palacios de los gobernantes musulmanes, con un claustro del siglo XVII, para alcanzar los Baños Árabes y San Juan, al lado de rincones como la placeta con la fuente de los Caños de San Pedro y el convento de Santa Clara. Las iglesias, capillas y calles con solera se desgranan hasta el eje de la calle Maestra, para desembocar en la plaza de Santa María. Arriba trepa el barrio de la Merced y abajo descienden las cuestas, entre palacios, hacia San Ildefonso y la puerta del Ángel. Al otro lado se sitúa el centro capitalino y la ciudad moderna.
1. Desde el Castillo de Santa Catalina hasta la Catedral de Jaén
Con el nombre de Castillo de Santa Catalina se conoce el conjunto de edificaciones que dominan la población desde la cumbre del cerro de Santa Catalina, a casi trescientos metros por encima de la cota del casco urbano.
En principio se distinguían tres fortificaciones diferenciadas: el Castillo Viejo, Abrehuy y el Castillo Nuevo.
El Castillo Viejo configuraba una fortaleza de muros con torres cuadradas de tapial, labrada por los almorávides en el siglo XII y robustecida por los almohades. Se asentaba sobre construcciones de la época del emirato -siglo IX- plantadas probablemente sobre fortificaciones romanas e íberas. Poco ha quedado del Castillo Viejo al instalarse en su solar el Parador de Turismo. Del contiguo reducto de Abrehuy sólo han sobrevivido escasos vestigios en las últimas peñas del cerro. Sí subsiste el soberbio Castillo Nuevo, alzado en el siglo XIII -posiblemente durante el reinado de Alfonso X- reaprovechando defensas musulmanas. Hecho de mampostería y sillarejo, el castillo cristiano delimita un recinto trapezoidal adaptado a los cortados del terreno. En el flanco occidental sobresale la torre del homenaje, de casi 40 m. de altura y con tres estancias en su interior, y en el ángulo inmediato, la torre de las Damas, que protegía la entrada principal.
Al hilo de las murallas avanza luego la torre albarrana de la Capilla de Santa Catalina, por ser la que alberga un oratorio dedicado a la santa patrona de Jaén. A continuación, se eleva otra torre albarrana y en el vértice del conjunto, la torre de la Vela o la Guardia, la Atalaya, un potente bastión de planta pentagonal. Unas decenas de metros por delante destaca la Cruz del Castillo, símbolo de la victoria de Fernando III, que se alza sobre una espectacular panorámica.
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Castillo de Santa Catalina. ©Xurxo Lobato
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Vista del interior del Castillo de Santa Catalina.
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Restos del recinto amurallado que defendía la ciudad histórica enlazando con los castillos del cerro.
Situados en el castillo de Santa Catalina podemos observar el recinto amurallado. Una línea de murallas que defendía la ciudad histórica, enlazando con los castillos del cerro. El perímetro seguiría durante mucho tiempo el trazado de época romana, siendo reparado de modo sustancial por los musulmanes, sobre todo por los almorávides y almohades en el siglo XII. Todavía se observan tramos de muralla con torres de la cerca que baja hasta el barrio de la Magdalena, por encima del cual se localizaba un recinto fortificado o alcazaba, a media ladera junto al portón de la Llana. El circuito amurallado proseguía a lo largo de las calles Millán de Priego, Doctor Eduardo Arroyo y Álamos hasta la catedral, donde giraba hasta la antigua Puerta de Granada, para ascender de nuevo hacia el Castillo de Santa Catalina. En época cristiana el trazado se prolongó para defender el arrabal de San Ildefonso, donde aún se mantiene la Puerta del Ángel, de ornato barroco, junto al monasterio de las Bernardas.
Al descender del castillo, el mirador de la calle Duque nos muestra el majestuoso volumen de la Iglesia Mayor o Catedral, y nos señala el principal hito monumental de Jaén. Tras la conquista se consagró de inmediato la mezquita mayor levantada por los almohades. Hasta mediados del XIV no se acometieron las obras de un nuevo templo, que hubo de edificarse a partir de fines del XV, comenzando un largo proceso constructivo hasta el siglo XVIII. La obra gótica inicial afectó a la cabecera, replanteándose en 1553 el conjunto bajo la dirección de Andrés de Vandelvira, quien concibió una de las piezas más señeras del Renacimiento español. Prosiguieron su labor Alonso Barba y Juan de Aranda, responsables del crucero y la cabecera, rematando el diseño de la imponente fachada Eufrasio López de Rojas en 1668. En el siglo XVIII José Gallego completaba las bóvedas y el coro. La fachada, flanqueada por torres, compone un retablo en piedra con columnas de orden gigante, balaustrada y un brillante despliegue escultórico centrado por la efigie de Fernando III. El cuerpo del edificio articula un rectángulo con cabecera rectilínea, tres naves de amplias luces con bóvedas vaídas, capillas hornacinas y crucero bajo una fastuosa cúpula. A un costado se disponen la Sala Capitular y la Sacristía, los ejemplos más depurados del clasicismo de Vandelvira. A finales del XVIII se yuxtapuso a la cabecera la Iglesia del Sagrario, debida a Ventura Rodríguez. Del patrimonio artístico catedralicio ha de reseñarse el Santo Rostro que preside la capilla mayor, reliquia del lienzo con el que Verónica enjugó la faz de Cristo. Son dignos de mención los sitiales del coro, tallas renacentistas en madera de nogal, la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, la popular pintura de la Virgen de las Tijeras y el tenebrario forjado por Bartolomé de Jaén.
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Iluminación monumental de la Catedral de Jaén.
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Cúpula sobre el coro. Nave central de la Catedral de Jaén.
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Vista lateral de la Catedral de la Asunción.
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Fachada principal de la Catedral de Jaén. Plaza de Santa María.
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Detalle de la fachada de la Catedral, con el Santo Rostro presidiendo el balcón principal.
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Grupo escultórico en la fachada principal de la Catedral de Jaén. En el centro Fernando III el Santo.
En una de las esquinas de la plaza de Santa María podemos ver el palacio Episcopal, de cuyo el edificio original del siglo XV solo se conservan sus fachadas. La principal está enmarcada por columnas de orden toscano, coronadas por entablamento liso y frontón triangular, donde destacan los escudos episcopales de don Diego Tavera y don Sancho Dávila. Y la continuación del palacio a través de la línea fachada da acceso a la casa del Provisorato y Tribunal Eclesiástico donde destaca la presencia de los escudos catedralicios y del obispo don Francisco Sarmiento de Mendoza.
En la misma plaza, y frente a la catedral encontramos el Ayuntamiento de Jaén. El edificio tiene su origen en el siglo XVII, aunque su imagen actual se produce a principios del XIX, de la mano del arquitecto Agustín Eyres, tras el derribo del que fue el Palacio del Duque de Montemar. Las casas consistoriales giennenses se han ubicado en el espacio donde residían los poderes de la ciudad: el civil y el religioso.
2. Desde la Plaza de Santa María (Catedral) hasta a la Iglesia de la Magdalena

Destalle del techo en el salón del Palacio del Condestable Iranzo.
Dejamos la plaza de Santa María para adentramos por la conocida calle Maestra, una vía peatonal en la que nos encontraremos con el antiguo Palacio del Condestable Iranzo del que apenas se conserva uno de sus salones en el que destaca su extraordinaria armadura de madera, con estrella de lacería de veinticuatro puntas y decoración pictórica, en el que distinguimos la presencia entre las zapatas de los escudos del linaje.
A menos de 100m, por la calle Madre de Dios llegamos al Arco de San Lorenzo. Esta construcción es un torreón, con un pasadizo de arco apuntado, sobre el que apoya la cabecera de la desaparecida iglesia de San Lorenzo. En la parte inferior se ubica la capilla de Jesús, un ámbito semicircular del siglo XV, cerrado por media naranja de ladrillo, con exquisitos alicatados geométricos de tradición nazarí y paramentos con yeserías mudéjares, ornamentación que se repite en la planta superior. Cruzamos el arco y continuamos nuestro paseo, por la calle Almendros Aguilar hasta la Iglesia de San Juan, que fue una de las primeras parroquias construidas sobre parte de un conjunto de edificios musulmanes que comprendían una casa, una mezquita y unos baños. La iglesia, muy desfigurada por las reformas, constaba de tres naves con un torreón, llamado Torre del Concejo, lugar de reunión del cabildo municipal en el siglo XV. El antiguo alminar quedó separado del templo al abrirse nuevas vías, situándose en la esquina de la calle Martínez Molina con la de los Caños. En la misma manzana, bajo el edificio de las Antiguas Carnicerías, se alojan restos de salas de los Baños Árabes del Naranjo, restauradas como centro cultural.
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Torreón del Arco Oscuro.
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Arco de San Lorenzo.
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Arco de San Lorenzo.
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Iglesia de San Juan
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Calle lateral de la iglesia de San Juan que nos lleva hasta los antiguos Baños del Naranjo.
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Baños árabes del Naranjo. Centro Cultural.
A escasos 120 metros alcanzamos la Plaza de Santa Luisa de Marillac, donde aparece el ostentoso el Palacio del conde Villardompardo, mandado edificar en 1592 por don Fernando de Torres y Portugal, que fue virrey del Perú. La casa se distribuye alrededor de un patio porticado con arcos de medio punto sobre columnas. Sus salas acogen los fondos del Museo de Artes y Costumbres Populares y del Museo Internacional de Arte Naíf “Manuel Moral”.
En los sótanos del palacio se encuentra un monumento excepcional: uno de los mayores baños andalusíes, con una superficie de más de 400 m2, y mejor conservados de España. La leyenda les da el nombre de «baños de Alí», por el nombre de su constructor, reyezuelo de Jaén del siglo XI. Descubiertos en 1913, su construcción data de los siglos XII o XIII y se relaciona su presencia con la mezquita mayor y los palacios musulmanes de las inmediaciones. Se accede primero al vestíbulo -al-bayt al-maslaj-, y a continuación a la sala fría -al-bayt al-marid-, iluminada por lucernarios cenitales. Siguen las salas templada y caliente -al-bayt al-sajun-, bajo bóveda semiesférica de ladrillo sobre pechinas y arcos de herradura apoyados en columnas. A sus lados se abren alcobas, sumidas en la tenue luz que irradian las lucernas estrelladas.

Baños árabes en el Palacio de Villardonpardo.
Muy cerca de aquí nos encontramos con el Convento de Santo Domingo, actual sede del Archivo Histórico Provincial, establecido sobre los vestigios de los palacios de los gobernantes musulmanes. Del edificio destaca su claustro del siglo XVI y su antiguo templo, hoy cerrado al culto. La iglesia, de una sola nave con bóvedas de media naranja sobre pechinas, cuenta con una capilla mayor de planta poligonal y bóveda de nervios. Las pinturas murales que decoraban la bóveda de la iglesia fueron trasladadas al Museo de Jaén para una mejor conservación. El claustro, construido en la segunda mitad del siglo XVI, tiene una planta cuadrada con galerías de arcos de medio punto. Su estructura de dos cuerpos combina una bóveda de medio cañón con lunetos en el nivel inferior, mientras que el superior alterna vanos abalconados con decoración vegetal y ventanas con motivos alegóricos. Su portada es obra de Alonso Barba, aunque las imágenes que la decoran son de época posterior.
Por la misma calle llegamos a la Plaza de la Magdalena, espacio que marca el solar más antiguo de la ciudad, donde residía el epicentro del municipio romano de Aurgi y de la ciudad musulmana. La Iglesia de la Magdalena, hereda la ubicación y el esquema de la primitiva mezquita aljama de Jaén, el edificio de cinco naves levantado a mediados del siglo IX bajo el emirato de Abd al-Rahman II. De la obra musulmana aún se reconocen la base del gran alminar, convertido en campanario, y el patio, antiguo sahn o patio de abluciones. La planta irregular del oratorio, tendente al cuadrado, evoca las proporciones de la mezquita. Con testero plano, el espacio interior se divide en cuatro naves con tramos cubiertos por bóvedas de crucería simples, de terceletes y estrelladas, apeando sobre pilares cuadrados y cruciformes. La portada principal, gótica flamígera, se presenta enmarcada por agujas con pináculos y crestería. La fisonomía del templo, de líneas góticas, data de finales del siglo XV y principios del XVI.
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Fachada del Convento de Santo Domingo. Sede actual del Archivo Histórico Provincial de Jaén
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Iglesia de la Magdalena.
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Patio de la Iglesia de la Magdalena que originalmente el patio de abluciones de la mezquita que aún conserva elementos originales.
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Raudal de la Magdalena. Esta fuente ubicada frente a la iglesia, abasteció a la población desde la época romana y es escenario de la famosa leyenda del "Lagarto de Jaén".
Frontera a la iglesia encontramos el Raudal o Fuente de la Magdalena, que junto a la Fuente de Santa María serían las encargadas de surtir de agua a los principales puntos estratégicos de la ciudad a lo largo de su historia: termas, mezquitas, baños públicos, aljibes y fuentes; siendo la de la Magdalena, hasta el s. XIX, la principal fuente de agua potable de la ciudad. Además, este manantial es protagonista de la famosa leyenda de la ciudad de Jaén “El lagarto de la Magdalena”.
3. Desde el Parque de la Alameda hasta el Museo Íbero
Comenzamos nuestro paseo en el Parque de la Alameda que también es conocido como Alameda de Capuchinos. Aunque su trazado actual es del siglo XIX, su origen es un jardín renacentista. Este espacio arbolado es pulmón verde y punto de encuentro para los jiennenses, ideal para comenzar el recorrido con tranquilidad, disfrutando de sus jardines, fuentes y esculturas.
Antes de cruzar por la Puerta de Ángel, en el costado del arco que permanece unido a uno de los muros del Convento de la Concepción Franciscana o de las Bernardas, se emplaza la Fuente de la Alameda, que fue sometida a una profunda intervención en el siglo XX, pero que aún se conserva restos de un escudo imperial de las antiguas carnicerías junto a una inscripción alusiva a su ejecución durante el siglo XVI. La Puerta del Ángel fue construida en 1646, y es la única puerta que se conserva del antiguo recinto amurallado de la ciudad de Jaén. En la parte superior hay un frontón triangular en cuyo tímpano encontramos una hornacina con la imagen del arcángel San Miguel y debajo hay una inscripción muy deteriorada en la que se lee: “La ciudad mando hazer esta puerta siendo corregidor el señor d. A(l)o(n)so B¿E¿amo cavallero de la orden de Calatrava hijo del señor A(I)onso 0…Comisario.., año 164¿. “.
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Puerta del Ángel y Convento de las Bernardas.
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Fuente de la Alameda o Fuente Imperial de Las Bernardas.
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Iglesia de San Ildefonso
Tras pasar el arco nos encontramos con el Convento de la Concepción Franciscana o de Las Bernardas. A comienzos del siglo XVII, bajo el impulso del jienense Melchor de Soria y Vera (1588-1643), Obispo de Troya, Auxiliar de Toledo y persona muy ligada al arzobispo de Toledo don Bernardo de Sandoval y Rojas, se fundó este convento femenino. Su emplazamiento en el segundo recinto de murallas, junto a la Puerta del Ángel, se hizo desplazando a los frailes Capuchinos ─que se habían asentado sobre el lugar abandonado por la comunidad de los Jerónimos isidorianos, en 1575─, derribando lienzos de muralla o trasladando una torre sin licencia real, lo que da cuenta de la determinación con la que se llevó a cabo el proyecto.
La iglesia del convento, atribuida al arquitecto Juan Bautista Monegro y finalizada en 1627, presenta una elegante planta de cruz latina. Su interior, sobrio y solemne, está decorado con las armas del obispo fundador. En los laterales se encuentran dos magníficos retablos con pinturas de Angelo Nardi, que representan la Anunciación y la Asunción de la Virgen. El retablo mayor, una obra maestra tallada en 1628 por Gil Fernández, destaca por su riqueza dorada y policromada, diseñada para integrarse con las pinturas ya existentes. El convento también cuenta con un claustro de dos plantas, diseñado por Juan de Aranda y Salazar, donde se pueden admirar ciclos pictóricos sobre la vida de Jesús y retratos de santos, incluyendo uno del propio obispo fundador.
En la portada de acceso al convento, también diseñada por el arquitecto andaluz Juan de Aranda, destaca la figura de la Inmaculada Concepción flanquea por los escudos de su fundador. La sobria portada de acceso al templo está planteada como un arco de triunfo enmarcado por columnas toscanas y apreciamos la existencia de una bella escultura de Santa Clara labrada en piedra por Diego de Landeras.
A unos minutos a pie, por la calle de las Bernardas o por la calle Teodoro Calvache, llegamos a la Basílica Menor de San Ildefonso, santuario de la patrona de Jaén la Virgen de la Capilla, manifiesta una síntesis de estilos que van del gótico y el manierismo al neoclásico. Su origen se remonta al milagroso «descenso de la Virgen» que ahuyentó una expedición nazarí en 1430. La estructura del templo responde a su inicial obra gótica, con planta rectangular de tres naves y bóvedas de crucería. En el interior se admiran retablos barrocos, como el de la Virgen de la Capilla, de Andrés Bautista Carrillo, y los diseñados en 1754 por Pedro Duque Cornejo, autor también del tabernáculo. Al exterior se muestran tres portadas de diversa inspiración: una de estilo gótico-isabelino, de inicios del XVI, otra renacentista ejecutada en 1556 por Francisco del Castillo «el Mozo», y la neoclásica proyectada por Ventura Rodríguez en el XVIII. Adyacente a la iglesia está la Casa de la Virgen.
La iglesia que da nombre al Barrio de San Ildefonso marca el corazón de una de las zonas con más sabor y tradición del centro de la ciudad. Este barrio, con su entramado de calles llenas de vida, invita a perderse entre plazas, bares y terrazas donde el tapeo jiennense se convierte en una experiencia imprescindible. Pero San Ildefonso no solo es sinónimo de tradición: también es un referente gastronómico de primer nivel donde se encuentran dos prestigiosos restaurantes galardonados con estrellas Michelin, que combinan la cocina de autor con los sabores de la tierra. Un destino ideal para quienes buscan saborear lo mejor de Jaén, desde sus raíces hasta su vanguardia culinaria.
Tarde de Museos
En pleno ensanche moderno, en un edificio de los años 20, se ubica el Museo de Jaén. Su fachada aloja la portada del Antiguo Pósito, labrada en 1548 por Francisco del Castillo «el Viejo», a la que sigue, en el patio, otra portada renacentista del XVI, de la extinta Iglesia de San Miguel.
La planta baja se dedica a las colecciones de arqueología, plato fuerte del museo. El recorrido lleva desde los hallazgos prehistóricos a los impresionantes testimonios del primer milenio a. C. Notables son los fondos de época romana, con mosaicos y el magnífico sarcófago paleo-cristiano descubierto en Martos. El período visigodo está representado por elementos arquitectónicos y ajuares funerarios, y el andalusí por cerámica, una espléndida serie de candiles, varios de bronce, y el Tesoro de la Charilla, Alcalá la Real. La planta alta alberga la sección de Bellas Artes, con obras de Berruguete, Alonso Cano, Madrazo y pintores contemporáneos como Manuel Ángeles Ortiz o el más reciente Manuel Kayser Zapata.
A unos 200 metros, en el mismo Paseo de la Estación, encontramos el Museo Íbero de Jaén, un edificio vanguardista, centro de referencia internacional dedicado al pueblo íbero, su cultura y su historia. Un pueblo que dio nombre a la península que hoy habitamos y que dejó un extraordinario patrimonio arqueológico en el sur de la península ibérica y en el levante, desde el siglo VII hasta el siglo I a.C.
El museo cuenta con una exposición temática permanente, con más de 300 piezas, que se articulan en espacios titulados La Dama, el Príncipe, el Héroe y la Diosa, donde puede descubrirse a través de estos cuatro personajes prototípicos la cultura íbera, la importante civilización mediterránea que se organizaba en ciudades fortificadas “oppido” , y cuya sociedad aristocrática perdió su identidad, lengua, escritura y costumbres tras la conquista romana.
La exposición, de marcado carácter científico, se completa con otro espacio para concienciar a los visitantes contra el expolio arqueológico.
4. Desde la Plaza de San Francisco por la judería hasta el barrio de San Ildefonso
Al subir la emblemática calle Bartolomé Soriano, conocida popularmente por «la carrera» llegamos a la Plaza San Francisco, donde nos sorprende el Palacio Provincial, sede de la Diputación de Jaén que se sitúa en el solar del antiguo Convento de San Francisco. Este elegante edificio fue diseñado en el siglo XIX por el arquitecto Jorge Porrúa y Moreno, y destaca por su armoniosa estructura de tres plantas organizadas en torno a un luminoso patio central. En este patio se encuentra una fuente histórica procedente del Convento de los Dominicos de La Guardia, que añade un toque de serenidad al conjunto.
La fachada principal del palacio llama la atención por su equilibrio clásico, con vanos adintelados y arcos de medio punto que siguen el estilo de la serliana o arco palladiano. En lo alto, un templete alberga un reloj centenario que corona el edificio con elegancia. Las estancias principales se encuentran decoradas con lienzos de los siglos XIX y XX, que incluyen retratos y obras de temática religiosa.
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Calle Bartolomé Soriano con la Catedral de Jaén al fondo.
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Palacio Provincial sede de la Diputación de Jaén.
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Interior de unos de los patios del Palacio Provincial sede de la Diputación de Jaén.
Desde está plaza nos dirigiremos bordeando la Judería de Jaén hacía la Capilla de San Andrés. Las calles del Rostro, Santa Cruz, Martínez Molina y Huertas, entre otras del casco viejo de la ciudad, abren un entramado de pequeñas callejuelas estrechas que te trasladan al medievo y a los límites de la antigua judería: el Barrio de Santa Cruz. En la calle San Andrés encontramos evidencias de otra de las posibles sinagogas de la antigua judería, envuelta bajo la capilla del mismo nombre. El hecho de que fuera o no un templo judío es un asunto que los expertos aún hoy siguen debatiendo, aunque nadie puede negar que sus bellísimos arcos recuerdan a los de antiguas sinagogas, como Santa María la Blanca, en Toledo. Su orientación al este, la geometría del patio, su aspecto austero y una menor altura que los templos cristianos son también elementos a su favor para que realmente fuera lugar de culto para los judíos.
Hablar de la Jaén judía no es posible sin mencionar a uno de sus hijos ilustres y una de las figuras más brillantes de Sefarad: Hasday Ibn Shaprut. (Jaén, c. 915 – Córdoba, c. 975). Médico, diplomático y consejero de los califas cordobeses —Abderramán III y Alhakem II—, fue tal su importancia e influencia en la sociedad de la época, que se le considera el impulsor de la edad de oro de la cultura judía en España, marcando el principio de la floreciente cultura de la comunidad hebrea andalusí.
La Capilla de San Andrés, antigua parroquia próxima a la de San Juan, cuenta con varias portadas. De ellas, la más destacada es la ubicada en la calle del Rostro con una imagen en relieve del Abrazo ante la Puerta Dorada. Esta iglesia alberga la Santa Capilla y Noble Cofradía de la Limpia Concepción de Nuestra Señora, fundada en 1515. En un lateral del templo se abre la «Santa Capilla», un espacio cuadrado con bóveda de estrella y tambor octogonal sobre trompas minuciosamente decorado. Jalona su entrada una magnífica reja plateresca de Bartolomé de Jaén, de hacia 1520. Destaca también una puerta de dos hojas gótico-mudéjares labradas con lacería.
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Cúpula de la Capilla de San Andrés. Diputación de Jaén ©Nano Cañas
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Detalle reja Capilla de San Andrés
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Relieve del "Abrazo ante la Puerta Dorada". Una de las puertas de la Iglesia de San Andrés.
Desde la calle San Andrés nos incorporamos a la calle Martínez Molina, esquina con la calle de los Caños, en la que encontramos, bajo el edificio de las Antiguas Carnicerías, alojados restos de salas de los Baños Árabes del Naranjo, restauradas como centro cultural. Frente a los baños la Fuente de los Caños de San Pedro nos sorprende con su forma de pilar-abrevadero y la presencia en sus dos vértices de dos cariátides antropomórficas con canéforas. El agua mana de las bocas de las imágenes de unos pequeños niños dispuestos en el interior de unas hornacinas. Su ejecución, llevada a cabo en los primeros años de la segunda mitad del XVI es obra del maestro Francisco del Castillo el Mozo. La fuente, que sería restaurada en 1648, presenta la siguiente inscripción: «Esta obra mandaron hacer muy ilustres señores jaen siendo coregidor el muy magnifico señor el licenciado Ivan Ruiz. Acabose año d 1559».
No muy lejos de esta fuente se localiza el Real Monasterio de Santa Clara que fue el convento más antiguo fundado en Jaén, siglo XIII. Destruido en el ataque nazarí de 1368, las construcciones que hoy se contemplan se edificaron a partir del siglo XV. Colindante con su estructura se encontraba la sinagoga y posterior iglesia de la Santa Cruz, de la se conserva un muro en el interior del convento. El portón da paso al compás que comunica con la iglesia, de una nave con armadura mudéjar, en la que se venera el Cristo del Bambú, imagen del XVI de ascendencia americana. Notable resulta también el claustro de estilo renacentista.
Descendemos buscando el inicio de nuestro paseo y nos encontramos con una plaza que toma su nombre de la lindante Iglesia de San Bartolomé que nos sorprende tras su fachada barroca del siglo XVII, con proporciones modestas que preserva su estructura gótico-mudéjar de tres naves separadas por pilares cilíndricos y armadura de par y nudillo pintada. Una de las joyas que guarda es su pila bautismal, una excepcional pieza de cerámica vidriada verde realizada por posibles talleres ubetenses a finales del siglo XV dentro de un lenguaje gótico-mudéjar.
Llegamos a la Plaza de San Francisco, un animado punto de encuentro en el corazón de Jaén. Justo frente a nosotros se abre la entrada al tradicional Barrio de San Ildefonso, un lugar que invita al descanso y disfrute del tapeo típico jiennense en alguno de sus acogedores bares, o de una experiencia gastronómica inolvidable.
Bibliografía / Fuentes
- Olmedo, F. (2007). Guía de la Ruta de los Nazaríes (2ª ed.). Fundación El legado andalusí / Junta de Andalucía.
- Moreno Mendoza, A., Jódar Mena, M., & Almansa Moreno, J. M. (2005). Guía artística de Jaén y su provincia(pp. 18–58). Fundación José Manuel Lara.
- Salvatierra, V., & Aguirre, F. J. (1987). El baño del Naranjo en Jaén: notas sobre una transformación urbana. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos. Sección Árabe-Islam, 36, 125–136. Recuperado de https://revistaseug.ugr.es
- Turismo Andaluz, S.A., Diputaciones de Jaén, Granada y Córdoba, Universidad de Jaén. Andalucía Íbera: Jaén–Granada–Córdoba. Material divulgativo.
- Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH). Guía del IAPH.