Paseos por Granada

Granada

 

Debería ver usted la Alhambra y Granada. Es como obra de hadas; es magia, gloria, amor; no se parece a nada conocido.

François-René de Chateaubriand

Su privilegiada ubicación, entre la costa mediterránea y el Alto Guadalquivir, entre el Levante y la Baja Andalucía, cruce de caminos históricos, su peculiar paisaje, el contraste entre las cumbres de Sierra Nevada y el entorno subtropical de las regiones costeras, han colaborado con las distintas civilizaciones hasta cristalizar en la actual ciudad de Granada.

El poblamiento de la región granadina es muy antiguo. En la Edad del Bronce aparecen los primeros asentamientos humanos en las colinas de Granada, en las alturas del Albayzín y casi con seguridad en la colina del Mauror (colina de Torres Bermejas).

A partir del siglo VI a.C. se empieza a hablar de pueblos ibéricos, que en la provincia de Granada serían los bastetanos, por la ciudad de Basti, actual Baza. La ciudad ibérica del Albayzín, de nombre Ilbyr, Elibyrge o Illiberris debió constituir una de las más relevantes de esta parte de la provincia. Apenas modificaría su estructura con la llegada de los romanos, si bien hubo cambios en su situación política y en sus formas arquitectónicas. Situada en el Albayzín, perteneció a la provincia romana de la Hispania Ulterior, contándose entre las 27 ciudades con derecho latino.

Granada se asocia universalmente con el esplendor de al-Andalus. A partir del año 711, las primeras incursiones musulmanas se encontraron con una población formada en los extramuros de Illiberris, llamada Garnata al Yahud, la ciudad de los judíos, que daría nombre a toda la ciudad.

En el agitado siglo XI se produjo el traslado de la capital a su primitivo emplazamiento, entre el Darro y el Genil, y se adoptó el nombre de Hisn Garnata. La batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, marcó el punto final del dominio almohade y el territorio de al-Andalus quedó reducido al ámbito de Granada, donde se impuso la dinastía nazarí, fundada por Muhammad Ibn Yusuf Ibn Nasr, emir de Arjona en 1232. Pronto controló Jaén y Porcuna, logró ser reconocido en Granada, donde instaló su capital, y se anexionó Almería y Málaga. Con Yusuf I, en 1333, y después con Muhammad V el Reino de Granada alcanza su apogeo, y es cuando realiza sus construcciones en la Alhambra y el Generalife. La guerra civil iniciada en 1485 precipitaría su caída.

En 1492, los Reyes Católicos hicieron su entrada en la ciudad, poniendo fin al esplendor andalusí.

1. Alhambra y Generalife

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El acceso a uno de los monumentos más bellos del mundo se realiza a través de la cuesta de los Gomérez, que nace de la Plaza Nueva y se empina, cuajada de comercios, hasta la Puerta de las Granadas. Esta entrada renacentista de Pedro Machuca marca el límite del recinto de la Alhambra, “la roja”, situada en la colina Sabika, frente a los barrios del Albaizín y de la Alcazaba Qadima. Al constituirse en el siglo XIII el Reino de Granada bajo la dinastía nazarí, su fundador decidió fijar su residencia en el mismo lugar que la Alcazaba. Se reedificó la fortaleza y comenzó el palacio, que continuaron sus descendientes. A Yusuf I y a su hijo Muhammad V corresponden la mayoría de las construcciones que se pueden disfrutar en la actualidad. Atravesada la Puerta de las Granadas, comienza el bosque de la que fue ciudadela de la Alhambra. En la colina opuesta se sitúan las Torres Bermejas, fortaleza reconstruida hacia 1240 por Alhamar, el fundador nazarí. Las cuestas, entre árboles y acequias, conducen al Pilar de Carlos V y a la Puerta de la Justicia, de tiempos de Yusuf I, entrada principal de la muralla que ostenta símbolos frecuentes en las obras nazaríes, la mano y la llave.

Al cabo de una calle, la Puerta del Vino da paso a la Plaza de los Aljibes, espacio distribuidor de las visitas a la Alhambra. A un lado se alza el Palacio de Carlos V, portentoso edificio renacentista, obra de Pedro Machuca, comenzado en 1527, de imponente fachada almohadillada. En su interior alberga el Museo de Alhambra y el de Bellas Artes.

La Alcazaba se levanta al otro lado, sobre la parte más elevada de la colina Sabika. Una fuerte muralla se destaca con tres poderosas torres cúbicas: Adarguero al sur, Quebrada en el centro, y la del Homenaje al norte, enfrentadas la circular del Cubo, del siglo XVI. Al sur de la Alcazaba, junto a la Torre de la Sultana, está el Jardín de los Adarves, del XVII, dominado por la Torre de la Vela, la atalaya de la Alhambra. A sus pies se abre la puerta del recinto alto de la alcazaba, del siglo XI. De las cuatro puertas exteriores destaca la de las Armas, de elegantes proporciones.

La Residencia Real nazarí ocupaba el corazón de la Alhambra. Se distinguían la parte dedicada a la vida pública y al gobierno –el Palacio de Comares– y la zona privada o harem –Palacio de los Leones–. El acceso a los palacios está precedido por los patios de la Madraza de los Príncipes y de Machuca. Por una puerta en recodo se pasa a la sala del Mexuar, donde se reunía el consejo de ministros. Separada por un patio, se ofrece la fastuosa fachada del Palacio de Comares, que tiene como eje el Patio de la Alberca o de los Arrayanes. Al norte se abre una galería con siete arcos que sirve de pórtico a la Sala de la Barca, la baraka musulmana, bendición divina para seres privilegiados. Un umbral antecede al Salón de Comares o de Embajadores, al que hay que imaginar revestido de alfombras, tapices y cojines, sobre un suelo de colores. El Palacio de los Leones se organiza en torno a otro prodigio de patio, con 124 columnas con capiteles diferentes y una fuente vigilada por doce leones, cuyo origen se sospecha del siglo XI. Las salas centrales, de Abencerrajes y Dos Hermanas, tienen similar distribución, con bóvedas de mocárabes. La original sala de los Mocárabes se destruyó al estallar un polvorín en 1590. Otras salas comunicadas son la de los Ajimeces, con el Mirador de Lindaraja, al-ain dar Aixa, –“el ojo del cuarto de Aixa”– y la Sala de los Reyes, en el sector oriental. Entre los dos palacios se encaja el espacio dedicado a los Baños Reales. Los jardines de El Partal se extienden hacia levante, con una zona de murallas de las que sobresalen varias torres: de los Picos, del Cadí, de la Cautiva, de las Infantas

El Palacio y jardines del Generalife están frente a la Alhambra. Su nombre puede proceder de “jardín del alarife”. Se ingresa en el edificio central por un patio, y en su interior destacan el famoso Patio de la Acequia, la Sala Regia, los jardines y la original Escalera del Agua.

 

2. De Puerta Elvira a San Nicolás
¡Qué bello es el surtidor que apedrea al cielo con estrellas errantes, que saltan como ágiles acróbatas! De él se deslizan a borbotones sierpes de agua que corren hacia la taza como amedrentadas víboras. Y es que el agua, acostumbrada a correr furtivamente debajo de la tierra, al ver un espacio abierto aprieta a huir. Mas luego, al reposarse, satisfecha de su nueva morada, sonríe orgullosamente mostrando sus dientes de burbujas. Y entonces, cuando la sonrisa ha descubierto su deliciosa dentadura, inclínanse las ramas enamoradas a beber.!

Ibn al-Raia

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Un recorrido por la histórica ciudad de Granada puede comenzar en uno de los principales accesos de su circuito amurallado, que franquea el paso a sus áreas urbanas más antiguas. La monumental Puerta de Elvira, citada en el siglo IX, aunque la mayor parte de su obra es del siglo XI, probablemente fue llamada puerta de Elvira (Bab Ilbira) por la ya desaparecida ciudad de Madinat Ilbira, precedente de Granada, situada al pie de la sierra de Elvira. A unos pasos de allí comienza su ascenso la Cuesta de Alhacaba, en cuyo flanco pueden apreciarse los restos más vetustos del perímetro amurallado de época zirí del siglo XI: paños de muralla con grandes torreones intercalados y la Puerta de Monaita, con pasaje en recodo bajo arcos de herradura, que servía de entrada al recinto conocido como Alcazaba vieja, núcleo originario de la ciudad musulmana.

Casi al final de la cuesta, a la izquierda, surge la calle Larga de San Cristóbal, que desemboca junto al Mirador de San Cristobal y la iglesia de esta advocación, lugar señero desde el que se obtienen excelentes panorámicas del conjunto urbano. Domina el singular barrio de la Xarea del Albaizín, escalonado en uno de los cerros más altos de Granada. A partir de San Cristóbal discurre el cerco exterior de la muralla, ajustándose al relieve hasta alcanzar la colina del Sacromonte. Ante los ojos del visitante queda ahora el Albaizín –al-Bayyazin, el barrio de los halconeros–, corazón de la urbe musulmana, un tejido de calles estrechas y cuestas quebradas donde abundan iglesias que ocupan solares de antiguas mezquitas, plazuelas y aljibes. En el seno del barrio abundan las casas moriscas y los cármenes, como el de los Mascarones, con jardines, pinturas y estatuas, o el Carmen de las Tres Estrellas.

Más allá de San Cristóbal se encuentra San Bartolomé, templo con un imponente alminar transformado en campanario y un aljibe andalusí a su lado. La iglesia, de sencillo esquema mudéjar, suplantó en 1554 a una mezquita anterior. El pintoresco Carril de San Miguel, traspasada la Puerta de Fajalauza, trepa en dirección a su ermita, cuya plataforma elevada, de nuevo, dispensa magníficas vistas.

Entre apreturas y recodos, continúa el paseo por los encantadores rincones de las placetas de Fátima y Aliatar hasta la Iglesia del Salvador. Su patio, velado tras unos severos muros encalados, con una galería de arcos apuntados que le confieren la fisonomía propia de un patio de abluciones, recuerda que aquí se alzaba la antigua mezquita mayor del Albaizín. En la cumbre del barrio se halla una anchurosa placeta señalada por la Iglesia de San Nicolás, erigida sobre una mezquita, y un aljibe nazarí; desde este privilegiado Mirador de San Nicolás se presencia quizás la más famosa vista de Granada, con la Alhambra enfrente, y al fondo, Sierra Nevada.

 

3. Del Albaizín a Plaza Nueva
El itinerario se interna en este punto por el área de la vieja al-Qasaba al-Qadima. Para llegar a la Plaza Larga, una amplia explanada convertida en un auténtico hervidero comercial y nudo vital del barrio, cruzamos por el Arco de las Pesas, una entrada en recodo fortificada cubierta por bóvedas, construida por los reyes ziríes en el siglo XI. Su denominación deriva de algunos de los juegos oficiales de pesas que todavía conserva y por lo que se regían compras y ventas en el mercado instalado a diario delante de él.

Volviendo sobre nuestros pasos, al cabo de angostas callejas se distingue otro hito monumental, el Palacio de Dar al-Horra. Datado en la segunda mitad del siglo XV, esta residencia palatina es de factura nazarí. Su interior se organiza en torno a un patio con alberca central y galerías en los extremos, que dan paso a salas con alcobas adyacentes. Su nombre –Dar al-Horra, la casa de la honesta– alude al noble linaje de sus habitantes, residencia de Fátima, la madre de Boabdil. Colindante con el palacio se suceden el convento de Santa Isabel la Real, establecido por los Reyes Católicos y levantado entre 1574 y 1592 y a unos pasos, otra placeta plena de encanto, la de San Miguel Bajo, que realza la fachada de la iglesia dedicada al Santo Arcángel, una síntesis de arte mudéjar y renacentista con un aljibe adosado del siglo XIII. El mirador de la Lona, a sus pies, reitera la ocasión de divisar gran parte de la ciudad ante el llano de la Vega.

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Desde la cúspide del Albaizín, las cuestas se precipitan hasta las calles transversales que, formando anillos, circunvalan la colina en sus cotas más bajas. La de la Calderería Nueva, llena de tiendas y cafetines, evoca de singular manera la presencia musulmana. Termina en la calle de Elvira, estrecha y transitada vía que enlaza la puerta de este nombre con los aledaños de la Plaza Nueva. A media altura discurre, zigzagueante, la calle San Juan de los Reyes, uno de los principales ejes de tránsito en época andalusí –y aún hoy– en la que se alinean el Maristán, antiguo hospital y posterior ceca fundado por Muhammad V en 1367, y varios edificios religiosos, como las iglesias de San José y San Juan de los Reyes, parroquia de trazado gótico-mudéjar que preserva el alminar del siglo XIII de la mezquita sobre la que se instaló. En el lado septentrional del cerro, la Cuesta del Chapiz desciende vertiginosa hasta el cauce del Darro, bordeada por residencias notables, como son las Casas del Chapiz, en la actualidad Escuela de Estudios Árabes, y la casa Palacio de los Córdova. De estos parajes parte el camino del Sacromonte, que serpentea hasta la ermita del Santo Sepulcro y la Colegiata de San Cecilio (Abadía del Sacromonte), patrón de Granada. A su alrededor, perforando las laderas, se esparce el legendario barrio de cuevas que tanto atrajo al turismo romántico.

El curso del Darro se empareja con el Paseo de los Tristes, así llamado por ser el lugar donde se despedían los entierros, y su prolongación, la Carrera del Darro, que lleva a la Plaza Nueva. El paseante se topa con una apretada serie de puntos de interés: el Convento de San Bernardo, la Casa de Castril, con su llamativa portada plateresca, sede del Museo Arqueológico, frente a la Iglesia de San Pedro y San Pablo, la compacta manzana que reúne el Convento de Santa Catalina de Zafra y la restaurada Casa andalusí de Zafra, el estribo de la Puerta de los Tableros, mal llamada del Cadí, en la orilla opuesta, y, en fin, el Bañuelo, los antiguos baños árabes del Nogal –hammam al-Yawza–, alojados en el interior de la casa número 31; se observan las diferentes salas abovedadas propias de este tipo de establecimientos tan ligados a la cultura andalusí.

La Carrera del Darro concluye en el ensanche de la Plaza de Santa Ana y Plaza Nueva, espacio público angular de la ciudad histórica. Su ámbito está presidido por la Real Chancillería, pieza maestra del Renacimiento, y la Iglesia de Santa Ana, que señala su placeta, templo que sustituyó en 1537 a la mezquita Almanzora, dotándose de una portada clasicista, una esbelta torre mudéjar y finas armaduras que hermosean su interior.

 

4. Entre Puerta Real y el Triunfo

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Entre ambos lugares se asiste al espectáculo de la mezcla de culturas. Al-Andalus, Renacimiento y Barroco se funden para ofrecer al visitante un genuino combinado de arte y de historia. Cerca de la Plaza del Carmen, donde se encuentra el Ayuntamiento, se halla el Corral del Carbón (siglo XIV), sede de la Fundación El legado andalusí. Su preciosista fachada –recientemente restaurada– con arco apuntado de herradura da paso a un patio empedrado con galerías y naves que servían de aposento a viajeros y comerciantes.

Al otro lado de la calle Reyes Católicos está la calle del Zacatín, en el mismo centro de Granada. Zacatín significa mercado de ropas; aquí ponían sus puestos de venta los ropavejeros, plateros, zapateros, tintoreros y talabarteros. Confluye en la Plaza Bib-Rambla, donde se situaban las pescaderías y carnicerías musulmanas. Usada por los cristianos para actos oficiales, fue aduana de especias y paños y recinto de ferias.

A espaldas de la plaza están el Palacio Arzobispal y la Alcaicería, donde se concentraba el comercio de la seda. Destacaba por la calidad de sus productos, y en 1843 un incendio la destruyó, reconstruyéndose más tarde. En la calle Oficios estuvo la Madrasa, casa de estudios árabes, fundada por Yusuf I en 1349, uno de los más bellos edificios de Granada. Los Reyes Católicos la destinaron en el 1500 a Casa Capitular; del edificio musulmán se conserva el oratorio.

Enfrente, en la Capilla Real, de estilo gótico tardío, comparten sepultura los Reyes Católicos con Juana la Loca y Felipe el Hermoso. La capilla está adosada a la Catedral y la Lonja de los Mercaderes. La voluminosa Catedral adyacente se levantó por deseo expreso de la Reina Isabel donde estuvo la Mezquita Mayor; más tarde, Iglesia de Santa María de la O. La primera piedra se puso el 25 de marzo de 1523. Es una obra maestra del clasicismo español cuya fachada principal, barroca, fue trazada por Alonso Cano. El interior es de orden renacentista sobre plano gótico, con capilla mayor debida a Diego de Siloé.

Edificios importantes en este sector son la antigua Universidad, creada por Carlos V en 1526, y la iglesia de los Santos Justo y Pastor, antigua mezquita Majadalbecy, en la placeta de la Encarnación. Iniciada en 1575, es uno de los templos más ricos de Granada. Hacia la calle Gran Capitán están el monasterio e iglesia de San Jerónimo. La construcción comenzó en 1496 y consta de dos patios, uno gótico y otro renacentista con reminiscencias moriscas. A corta distancia se ven el hospital e iglesia de San Juan de Dios, con un magnífico claustro barroco. Al otro lado de la Gran Vía se abre el Campo del Triunfo, espacio ajardinado que domina el majestuoso Hospital Real fundado por los Reyes Católicos en 1504, hoy sede central de la Universidad de Granada.

 

5. Del Campillo Bajo al Alcázar del Genil

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Desde la céntrica plaza del Campillo Bajo, con el antiguo palacio de Bibataubín, edificio de 1752, y su aledaño Cuarto Real de Santo Domingo, obra nazarí del siglo XIII, se asciende por las calles de barrios característicos como el Realejo, entre el Campo del Príncipe y el río Genil; la Antequeruela, tras la iglesia de San Cecilio, y llegar hasta el barrio del Mauror o de la Judería, que se extendía por los aledaños de las Torres Bermejas.

En los alrededores de la plaza de San Juan de la Cruz hay edificios como el convento de San Francisco, sede de la Capitanía General; la casa del Gran Capitán, convento de carmelitas desde el siglo XVII; la Casa de los Tiros, uno de los edificios más llamativos de la ciudad, cuyo nombre proviene de los mosquetes (tiros) que tiene en la fachada; de la obra original permanece el salón conocido como Cuadra Dorada; cabe citar también la Casa del Padre Suárez, del siglo XVI, y la Casa de los Girones, en la calle Ancha de Santo Domingo, que probablemente fuese el palacio de una hermana del sultán Boabdil.

La conquista cristiana sembró la ciudad de fundaciones religiosas, como las de Santa Cruz la Real, las Comendadoras de Santiago o Santa Catalina de Siena, que conserva restos de decoración musulmana en una de sus habitaciones, en las cercanías de la placeta del Realejo. Aquí estuvo la puerta musulmana de las Alfarerías, entrada al Barrio de los Alfareros. El Campo del Príncipe era el lugar que ocupaban las huertas de los reyes granadinos. Sobre la colina se formó el barrio de la Antequeruela, con los musulmanes expulsados de Antequera tras su conquista en 1410. Manuel de Falla residió en uno de sus cármenes, convertido en casa museo. Entre jardines se ubican además el Auditorio Manuel de Falla y el carmen de la Fundación Rodríguez Acosta, con una valiosa colección de arte. El barrio del Mauror, la Judería, se escalona al pie de Torres Bermejas.

Junto al cauce del Genil corren los paseos de la Bomba y del Salón, y, en la otra orilla los de los Basilios, de San Sebastián y la Ribera del Violón. Cercana a este paraje está emplazada la ermita de San Sebastián, un antiguo morabito, lugar de oración musulmana. Junto al Camino de Ronda y rodeado de edificios queda el Alcázar del Genil, pabellón palatino que perteneció a la madre de Boabdil, cubierto por una armadura de lazo y frisos adornados con mocárabes, y alcobas laterales. En el exterior, existió un estanque donde se simulaban batallas navales.

 

6. Alrededores
En la periferia de Granada, en el tan elogiado paraje de Aynadamar, se encuentra el monasterio de la Cartuja, admirable conjunto artístico en el que sobresale la Sacristía, una obra maestra del barroco andaluz, y la colección de pintura. La memoria de Federico García Lorca se materializa en dos escenarios de su vida familiar: La Huerta de San Vicente, actualmente situada en el corazón del Parque que lleva el nombre del poeta y, a 19 kilómetros de la capital, la casa de Fuente Vaqueros donde nació el 5 de junio de 1898. Fielmente reconstruida y sede de un centro dedicado al poeta, está ambientada con muchos objetos originales.

La excursión más especial es la que lleva a las cumbres de Sierra Nevada –llamada Yebel Solair por los árabes–, con los picos Veleta y Mulhacén, de 3.448 m., cima de la Península. La ascensión a Sierra Nevada supera un desnivel de 680 a 3.200 m. A 36 km. de Granada se puede disfrutar de la estación de esquí de Sierra Nevada, con su complejo de Pradollano, paraíso de los deportes de montaña.

 

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